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  • Cristian B. Reche Lillo

¿Sueñan los androides con cuerpos de infarto?

Actualizado: feb 25



No, la verdad es que no me he leído ninguna de las 3 novelas de Richard Morgan, ni siquiera la primera de todas: Carbono Modificado.


Aunque están en mi lista, y más temprano que tarde caerán.


Lo que sí he visto es la adaptación televisiva, Altered Carbon, producida por Netflix y, por lo tanto, disponible en su catálogo.


Y qué, ¿está bien? ¿La recomiendas?


Espera, espera. Porque la cosa tiene su miga.


La primera vez que vi la serie fue hace un par de años. Nos la encontramos en el apartado de novedades y dijimos: hey, ciberpunk fresquito, qué buena pinta.


Cayó en una sentada. Y me pareció bastante buena.


Yo no tenía ni idea de que la serie estaba basada en unas novelas. Para mí, Altered Carbon era un remedo de Blade Runner pero con extra de esteroides, coreografías muy resultonas y cuerpos de infarto (ese Joel Kinnaman no puede ser humano).


Más punky, más cruda, más cínica, mejor adaptada a los nuevos tiempos.


Una vez vista la serie, la cosa quedó en un bonito recuerdo y a otra cosa mariposa.


Pero el caso es que, con el inminente estreno de la segunda temporada (basada, imagino, en la segunda novela), en casa nos hemos vuelto a poner con la primera temporada para repasar.


Y vaya... La recordaba buena pero... Joder, es que es una pasada.


En aquel primer visionado se me pasaron muchas cosas por alto que ahora estoy captando. El nivel de producción es altísimo, algo que no valoré tanto la primera vez que la vi.


La serie se compone de 13 capítulos que no te dejan respiro, con una trama muy noir pero con los ingredientes justos para no caer en los clichés del género. Y con unas escenas de acción que ya quisieran tener muchas películas.


Yo no suelo ser demasiado fan de lo futurista, pero es que aquí cada detalle está tan cuidado y la historia está tan bien contada que el contexto da lo mismo. Podría ser principios de siglo XX en lugar de un futuro próximo y funcionaría igual de bien.


Es verdad que el personaje de Takeshi Kovacs, el protagonista (al cual interpretan hasta 3 actores diferentes y, por si no la has visto, no te digo más) roza en ocasiones cierto manierismo badass y de tipo duro, muy manido a estas alturas.


Pero vaya, será por la interpretación de los actores o por cómo está contada la historia visualmente, el caso es que funciona a la perfección.


Y tiene gracia, porque este tipo inmerso a en una investigación abocada al infierno debería recordarme a Rick Deckard (Harrison Ford en la película de Blade Runner). Y, aunque estéticamente se busca ese parecido, por carácter, curiosamente, me casa más con el Geralt de Rivia de las novelas (el de la serie es más blandito).


Además, todo el trasfondo que rodea a los personajes y a la historia está tan bien diseñado que te lo tragas sin darte cuenta. Bastan 10 minutos del primer capítulo para saber cuáles son las reglas de ese universo.


En definitiva, se trata de ciberpunk del bueno, con sus aumentos, decadencia, IA chalada, brecha abismal entre clases y la línea entre el bien y el mal cada vez más difusa.


Pero, para mí, lo que la convierte en un producto tan recomendable es, sobre todo, lo bien contada que está la trama y cómo te engancha de principio a fin.


Y es que no solo de libros se alimenta uno: el cine, las series y la música conforman el 50% de mis novelas. La otra mitad soy yo aprendiendo a vivir.


El camino se va adoquinando con todo tipo de obras, unas más densas y oscuras, otras más luminosas y livianas, a veces con pura pirotecnia.


¡Hasta la próxima!





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