©2019 by Cristian B. Reche Lillo. Proudly created with Wix.com

 
Buscar
  • Cristian B. Reche Lillo

Mi rebelión es un libro en la recámara




Estoy harto de que me tomen por tonto.


No lo puedo remediar.


El mundo sigue con sus circunvalaciones, sus movidas, incansable, imparable hasta que un día le dé por pararse (y no creo que el palo en la rueda sea el coronavirus ni nada parecido, más bien la involución y la ignorancia, o que ya no quede nada verde).


Te levantas, te inyectas el café, mientras masticas las galletas integrales (engordan igual realmente, pero va bien para la conciencia) ves las noticias en tu móvil, el percal del día.


Noticias similares a las de ayer, y a las de anteayer.


Mañana será lo mismo.


Te terminas el café, un cepillazo a los dientes y a por otra jornada.


A tu alrededor todos hablan de ese programa donde unos famosos se lían, y a ti te da igual. Pero participas.


En la radio solo ponen reguetón (¿se escribe así?) y piensas que a quién carajo puede entrarle eso por las orejas sin sufrir una conmoción cerebral. Ya no por lo mal que suena (que también), sino por lo horrible de sus letras.


Y de pronto recuerdas cuando eras un mico de 15 años. Las chicas de tu clase decían que los de Extremoduro eran unos guarros, siempre hablando de sexo.


Hoy el Robe me parece lo más moñas que te puedas tirar a la cara, y el reguetón otro clavo en el ataúd para la igualdad de género.


Pero, hey, igual son cosas mías, que soy joven pero me hago mayor.


El caso es que me he hartado un poquito de que todo el mundo dé por hecho que tengo que ser idiota.


Las noticias en mi móvil son más efectistas que otra cosa, pildoritas que se olvidan a las pocas horas.


Según dónde, cuando digo que leo mucho lo hago con la boquita pequeña, porque leer está sobrevalorado (todavía me flipa que Belén Esteban o Rajoy estén entre los autores más vendidos de España).


Alguna vez he dicho que me gusta Dumas, Fitzgerald o Henry Miller con la boquita todavía más pequeña, porque soy milennial, lo mío es Harry Potter y de ahí no me saques (twitter, si eso).


En una cena navideña me dejé llevar, se me escapó, y afirmé que Por un puñado de dólares y El bueno, el feo y el malo me encantaban, pero que para mí el mejor western de Clint Eastwood era Sin perdón.


Lo siento, señoría. Ya sé, ya sé. Soy idiota. No se volverá a repetir.


Y mientras, en mi cueva atesoro libros, discos y DVDs, como un dragón enloquecido que amansa una fortuna brillante dentro de su cubil.


De puertas para afuera juego mi papel: ¿cómo quedó el Madrid - Barça? ¿para qué te vas a leer Canción de Hielo y Fuego? Menudos tochacos, ¿es que no sabes que hay una serie, macho?


Antes todo esto me daba un poco igual, guardaba mis cosas y mis rollos para no parecer pedante o demasiado interesado por nada que desentonara.


Ahora me preocupa que de verdad nos volvamos idiotas, yo el primero.


Que nos dejemos llevar por la fugacidad de las historias.


Que no tengamos pensamiento crítico.


Que aceptemos el reguetón aunque fomente la cosificación de la mujer.


Que le demos audiencia a Telecinco.


Que nos creamos los más listos pero seamos tontos del bote.


Me da miedo, pero es un miedo normalito, de milennial medio que se hace mayor.


En mi cabeza muere a todas horas Maluma, su cabeza estalla al coger un libro de Úrsula K Le Guin e intentar leerlo.


En este mundo interno hay miles de páginas, hay gente que cuenta historias, que dice cosas interesantes, cosas que merece la pena escuchar.


Yo no quiero dejarme llevar por la corriente del río como un tronco que no tiene voz ni voto.


No quiero que me tomen por tonto, ni a mí ni a mi generación. No todos despreciamos el derecho a la cultura, ni a todos nos hace gracia el Rubius, ni queremos ser influencers.


Seré viejo, y luego solo huesos y polvo.


Pero mientras siga aquí, voy tejiendo el universo con mis dedos. Sereno, aprendiendo. Disfrutando de lo que otros hombres y mujeres mucho más inteligentes que yo han creado con sus manos y su cabecita.


Es mi tabla, mi clavo ardiendo. No me tomes por tonto, tampoco por ingenuo ni siquiera por listo. Lo único que quiero es comprender por qué giran las cosas, y cuál es mi sitio en esta danza.


Ni más, ni menos.


Mi rebelión es llevar siempre un libro en la recámara.




13 vistas